Cambiar estos procesos es muchas veces complicado, caro y lento. Las empresas se encuentran con tres posibles caminos.
Pero, ¿y si te decimos que ya existe la tecnología que permite construir esas soluciones a través del lenguaje y sin ninguna línea de código? La IA agéntica ha dado un vuelco a esta situación.
Una plataforma agéntica basada en componentes como bloques de Lego
Un agente de IA no es simplemente chatbot, un modelo que responde preguntas. Es un sistema al que se le plantea un objetivo, planifica los pasos necesarios para alcanzarlo y los ejecuta de forma autónoma. La diferencia con la IA generativa convencional es que el agente pasa a la acción. A la práctica significa que el punto de partida de una aplicación puede ser una descripción en lenguaje natural.
Los y las profesionales que mejor conocen el proceso pueden crear la aplicación, sin tener que saber programar, entender bien una herramienta o esperar a que un equipo IT encuentre un hueco para desarrollarla. La persona usuaria no debe definir una arquitectura técnica, ni escoger una base de datos, ni diseñar un esquema de permisos. Describe qué proceso quiere digitalizar y el sistema lo interpreta y hace las preguntas clave sobre roles, datos o flujos. De forma autónoma, propone y construye la estructura de la aplicación para que esté conectada y orquestada. Sin intervención del equipo IT. De forma ágil y a golpe de clic.
«El usuario lo único que tiene que decir es qué hay que hacer, no cómo hacerlo. Como si fueran bloques de Lego, el agente no inventa una pieza desde cero, sino que elige la que mejor se adapta del catálogo y la coloca en el lugar adecuado.»
Hay soluciones en el mercado que utilizan IA para generar código directamente a partir de una descripción. El resultado puede parecer impresionante, pero introduce un problema de fondo: la dependencia técnica. Si la aplicación generada está hecha de código que nadie ha revisado ni validado, ¿quién la mantiene cuando algo falla? ¿Cómo se audita? ¿Qué pasa cuando hay que modificarla? El planteamiento no pasa por generar código, sino integrando componentes validados y seguros. Como si fueran bloques de Lego, el agente no inventa una pieza desde cero, sino que elige la que mejor se adapta del catálogo y la coloca en el lugar adecuado.
LANBU: la apuesta de Cuatroochenta
Todo esto que te estamos contando tiene una base real. Se llama LANBU, la plataforma agéntica que hemos desarrollado desde el grupo Cuatroochenta. Permite describir en lenguaje natural cualquier proceso y obtener una aplicación funcional, con roles y permisos, con datos aislados y alojados en la Unión Europea.
Acaba de entrar en su fase de beta privada, con más de treinta empresas ya probándola. Lo que estamos aprendiendo en esta fase confirma la hipótesis: el mayor obstáculo para digitalizar los procesos del día a día no es la tecnología. Es la distancia entre quienes conocen el problema y quienes tienen las herramientas para resolverlo. Se trata de poner las capacidades en manos de quienes mejor conocen los procesos. Estas plataformas acortan la distancia.
«Durante años, la persona que mejor conocía un proceso era la que menos podía cambiarlo ya que dependía de presupuestos, de plazos y de que alguien de IT tuviera un hueco. Con una plataforma agéntica, esa misma persona describe lo que necesita y obtiene una aplicación real, segura y lista para usar.»