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eHealth · Transformación digital

Cómo afecta la transformación digital al ámbito de la salud y el autocuidado

¿Cuándo fue la última vez que te compraste una báscula para pesarte?  Si ha pasado mucho tiempo, estabas viviendo en un mundo analógico y tu báscula responde a este modelo: quieres saber tu peso – toma tu peso. Punto y final. Si lo has hecho más recientemente, tal vez tu báscula vivió el comienzo de la “transformación digital”. Si hace poco, has perdido un poco de tiempo en tomar la decisión y querías algo más, tu báscula a buen seguro ya está preparada para transformar (digitalmente) tu salud. 

Una evolución que conlleva un cambio (de mentalidad)

La evolución de la báscula constituye una metáfora perfecta para entender la transformación digital y en particular cómo el ámbito de la salud ha experimentado y experimentará un cambio radical, no sólo en cuanto a la mejora técnica/tecnológica de muchos dispositivos, sino de una serie de elementos que implican una transformación en la concepción del concepto de salud.

Entre las básculas de escala analógicas y aquellas que nos mostraban el peso en números digitales sólo mediaba, más o menos, una cuestión estética (algo similar está pasando con la transformación digital, en la que algunos solamente están aplicando una capa de maquillaje para enmascarar que todo sigue igual). Luego aparecieron los modelos que desglosaban nuestro peso en cantidad de grasa, músculo, hueso y daba un pequeño consejo sobre la cantidad de calorías a ingerir para mantenerse…

Usar una “báscula transformada digitalmente” (la llamaremos BTD) implica una nueva forma de concebir la salud.

Para empezar ya no es un dispositivo aislado. En el peor de los casos lleva bluetooth y en el mejor añade conexión wifi. Una vez nos pesamos generamos al menos 10 datos sobre nuestro cuerpo, tal vez el más interesante el índice de grasa visceral. Estos datos suben a la nube y están accesibles desde la app del móvil o desde el ordenador o la tableta.

A partir de ahí, cada vez que nos pesamos podemos generar datos que conformarán un histórico que, a su vez, nos aportará mucha información, que es tratada (dependerá de la calidad de la app) en forma de gráficas para ayudarnos a gestionar y mejorar nuestra salud, con la ayuda de un profesional, si así lo deseamos.

Precisamente en la edición 2016 del Future Trends Forum (FTF) de la Fundación Innovación Bankinter se habló de la importancia de que el paciente/usuario pueda gestionar su salud, para lo cual es necesario un nuevo modelo de interacción. El debate en el forum buscaba responder a tres cuestiones: cómo se consumirá en un futuro la salud, cómo se proveerá y cómo se cuidará a los pacientes.

La innovación tecnológica por sí sola, sin una reorganización del sistema, no lleva realmente a beneficios y reorganizarlo obliga a repensar la innovación del modelo de negocio, la innovación tecnológica y la innovación social.

Un ejemplo de cambio de modelo, citado en el informe generado en el FTF, es el que ha logrado el complejo de la New York University Langone y su hospital asociado. La claridad (y unificación) de información fue el punto de partida de todo el proceso estratégico de transformación de la institución. No se trata pues de disponer de tecnología, se trata de revisar todos los procesos que hacen uso de ella y del resto de factores de la organización para optimizarlos y ofrecer el resultado en forma de información al usuario.

La oportunidad de la “Salud Digital” es persuadir a las personas de cuidarse a sí mismas.

La razón principal para cuidarnos a nosotros mismos es la de ganar calidad de vida, pero hay otra razón muy importante, como afirma Naciones Unidas: “El envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI” (…) y se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050 y triplique para 2100: pasará de 962 millones en 2017 a 2100 millones en 2050 y 3100 millones en 2100.

En ese cambio de rol del “paciente” es necesario un cambio de comportamiento tanto del paciente como del sistema.

A nadie se le escapa que tenemos un problema de mantenimiento del actual sistema de salud, atendiendo a que este grupo de personas requiere por lo general de mayor asistencia médica que la gente joven. Una de las posibles soluciones pasa por una mayor responsabilidad individual de la persona con el cuidado de su salud. “Tradicionalmente la relación de los profesionales de la salud con el paciente, les ha permitido tener un control de las visitas a su consulta, definir con qué datos se van a tomar decisiones médicas y además los médicos estaban acostumbrados a controlar el mensaje que transmitían a sus pacientes”, se afirmaba en el FTF. Esta situación de control por parte del facultativo, quien sigue siendo un elemento indispensable del sistema, se complica en la medida que hoy en día hay un mayor acceso a la información y, como hemos visto, un aumento de la población, de la expectativa de vida y del hecho de que muchas enfermedades, antes mortales, se han vuelto crónicas, lo que en ocasiones lleva al sistema y a los profesionales de la sanidad a la saturación.

En ese cambio de rol del “paciente” es necesario un cambio de comportamiento tanto del paciente como del sistema. Un ejemplo podría ser el desarrollado por un equipo de trabajo de “Connected Health”. Cuenta su vicepresidente, Josep Kvedar, que el equipo desarrolló un piloto cuyo reto fue cambiar el comportamiento de una serie de pacientes respecto a su patología (diabetes mellitus tipo 2), sin intervención humana.

Se diseñó un motor analítico implantado en una plataforma con cuatro tipos de datos relativamente sencillos:

¿Cómo de motivado estás hoy para cambiar tu comportamiento?

Wearables (ofrecen datos de monitorización constante de la actividad)

Ubicación

Tiempo

Cada día los pacientes recibían un sms personalizado, en base a esos datos y a los 6 meses estos pacientes mejoraron sin intervención humana. La cohorte de pacientes mejoró su resultado en diabetes, en un cantidad equivalente al tratamiento estándar que se receta habitualmente en consulta. Esta experiencia demostró que el uso de la terapia digital puede ser tan eficaz como la terapia tradicional.

En estas experiencias hay otro denominador común, además del uso de tecnología: la motivación. Hay que motivar al usuario. Una solución podría ser el empleo de un avatar digital en el que permitir proyectar nuestra salud en unos años (en base a los datos actuales) y poder tomar decisiones y cambios de comportamiento por el camino, para mejorar nuestro bienestar. Otra, que ya se está usando con éxito, el empleo de apps que nos acompañen diariamente en el proceso de cambio personal para conseguir mejorar nuestros hábitos. El Plan 21 días, para el que Cuatroochenta desarrolló la app, es un claro ejemplo de ello, y además una muestra de que es un tema que no solo afecta a las empresas relacionadas con la atención sanitaria sino que puede abarcar muchos más sectores, desarrollando de este modo su responsabilidad social corporativa.

No sólo cambiar hábitos, sino aportar información adecuada y fiable (en la que la fuente es en este caso un colectivo médico), a la vez que se gestiona la toma de medicación. Es la lógica de Anticoagulapp, una aplicación que viene avalada por la Sociedad Española de Cardiología.

Los llamados wearables (esos dispositivos que nos ponemos, a modo de pulsera o reloj, para monitorizar algún aspecto de nuestra salud) pueden ser otro de los aliados clave. Otro ejemplo en el que también participa Cuatroochenta es Rithmi, que permite monitorizar el ritmo cardíaco las 24 horas del día, ayudando a detectar casos de Fibrilación Auricular, que es una de las arritmias más comunes y que pueden llegar a provocar un Ictus.

Detrás de todas las aplicaciones hay programación y datos.

El dato se ha convertido en un elemento fundamental

De lo que no cabe duda es de que el gran cambio va a venir de la unión de:

Big data + Inteligencia Artificial + Machine Learning

Para Francisco Curberadirector de Watson Health Foundational Technologies en IBM, 6 son los grandes retos de trabajo con los datos en el ámbito de la salud:

 Extraer conocimiento de fuentes heterogéneas y complejas.

 Comprender notas clínicas no estructuradas en su contexto correcto.

 Gestionar adecuadamente gran cantidad de datos de imagen clínica y extraer información útil para generar biomarcadores.

 

 Analizar los múltiples niveles de complejidad que van desde los datos genómicos hasta los sociales.

 Capturar los datos de comportamiento de los pacientes, a través de distintos sensores, con sus implicaciones sociales y de comunicación.

 Evitar los problemas de privacidad que pueden generar riesgos para los individuos.

Protección de datos en salud digital

El Informe Big Data en salud digital – Ontsi – Red.es afirma que “aún deben superarse diversas barreras y solventar riesgos de enorme calado para conseguir extraer el máximo beneficio posible a las posibilidades tecnológicas que ofrece Big Data” y apunta estas barreras, riesgos y necesidades no cubiertas en la implantación del Big Data en salud o salud digital particularizadas al caso de España, pero fácilmente exportable a otros territorios.

Dentro de las barreras organizativas resalta que “es importante crear un marco de colaboración común con otros agentes privados como las compañías aseguradoras, las empresas farmacéuticas y otras empresas de servicios de salud digital (desarrolladores de aplicaciones, por ejemplo)”. Las barreras normativas también son determinantes, por ello hay que asegurar la confidencialidad de la información sin que ello suponga un freno para su propio desarrollo.

 

En cuanto a las barreras técnicas, que también existen todavía, pese a lo que pueda parecer, el informe cita la falta de interoperabilidad e integración de los distintos sistemas, así como el exceso de pruebas piloto que no dan el salto a gran escala y que se orientan sobre todo a la recogida de datos más que a la generación de información de valor. Por otra parte, existe una carencia de analistas de datos expertos en el ámbito de la salud para que, a través del uso de tecnologías Big Data, den soporte a los médicos en la toma de decisiones relativas a sus pacientes. Por último, “más allá de los riesgos éticos derivados de los problemas con la confidencialidad de la información (…)”, hay que contar con el desigual acceso a las TIC, sobre todo entre colectivos vulnerables, así como con las nuevas situaciones de pérdida de libertad y autonomía producida por el mayor control que los diferentes agentes del sector salud pueden ejercer sobre los ciudadanos.

Conclusión: esto acaba de empezar

Aunque a simple vista se ha avanzado mucho en el ámbito de la salud con la introducción de cierta tecnología (tanto hardware, como software), el cambio apenas ha comenzado. Como hemos visto, existen una serie de barreras y la necesidad perentoria de reorganizar un sistema que ha funcionado bien hasta ahora pero que tiene el riesgo de colapsar si no se toman medidas adecuadas. La tecnología va a ser la gran aliada pero no es suficiente. Es necesario por una parte seguir desarrollándola y formando profesionales que puedan trabajar desde ella en la mejora de la salud. Por otra cada persona debe tomar un rol más activo en la gestión de los aspectos que influyen en su bienestar a través de la salud, pues ya dispone de dispositivos y aplicaciones que le permiten monitorizar su cuerpo y adquirir hábitos saludables.

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