Llevamos unos años observando cómo el lenguaje natural ha ido comiendo terreno a la interfaz gráfica como forma de interactuar con las máquinas. Viendo cómo la IA y los LLM ha transformado los lenguajes de programación en lenguajes de creación. Desde la explosión masiva de los modelos de IA generativa en 2021, gracias al procesamiento del lenguaje natural, el panorama tecnológico ha experimentado una evolución enorme.
Es verdad que la IA lo está revolucionando todo y a una velocidad que genera incertidumbre y que incluso agobia. Pero esta transformación que estamos viviendo nos está devolviendo a algo que ya sabíamos hacer. Algo tan antiguo como hablar y escribir. Una de las innovaciones más disruptivas de la historia de la humanidad, tal y como nos recordó el paleontólogo Juan Luis Arsuaga en la charla “De la revolución neolítica a la IA” que organizó Cuatroochenta hace dos años en Burgos.
Disponible no es lo mismo que accesible
Durante las últimas décadas, tanto administraciones como empresas han hecho grandes inversiones para digitalizar procesos e información: bases de datos, portales web, aplicaciones, repositorios públicos... La información y los servicios digitales están disponibles, pero ¿son accesibles?
Pongamos un ejemplo analógico para entenderlo. Si publicáramos toda esa información en papel y la pusiéramos en bibliotecas o archivos, diríamos que hemos hecho un gran esfuerzo por hacerla disponible. Pero si nadie consigue encontrarla para consultarla ¿de qué habrá servido? La accesibilidad no depende de que un servicio o información esté disponible, sino de que la persona usuaria pueda utilizarlo o llegue a ella con comodidad y sin fricciones. Y para lograrlo hay un factor en común que no depende de habilidades digitales: el lenguaje natural.
Hasta ahora nos habíamos adaptado a las máquinas
Cuando aparecieron las primeras interfaces, con botones, menús, formularios... empezamos a adaptarnos nosotros a las máquinas y no al revés. Expuse este mismo argumento hace justo un año en la jornada “El arte de la gestión del cambio: integrando tecnología, personas y cultura” organizada en La Pedrera de Barcelona por FAMA, la empresa de facility management del grupo Cuatroochenta. Entonces, les explicaba a los asistentes, que el equipo de diseño, programación y producto se encargaba de implementarlas y establecer teniendo en cuenta su experiencia cómo la persona usuaria podía interactuar a través de unas opciones predefinidas.
Pongamos un caso práctico. Si una aplicación de transporte público tiene cinco botones y cuatro listados, estarás limitado a esas opciones y nunca podrás pedir, por ejemplo, recibir un aviso de retraso a las 8 de la mañana, si no se contempla. Los grandes sistemas de diseño de Microsoft, Meta o Google hicieron un gran trabajo para que esas interfaces nos fueran comprensibles y familiares. Para conseguirlo necesitaron una enorme labor de evangelización, precisamente porque las interfaces de usuario son contrarias a nuestra naturaleza. Las hemos convertido en naturales a base de repetición. Con los modelos de IA todo esto ha dado un vuelco.
Ahora las máquinas se adaptan a nosotros para darnos superpoderes
La IA generativa nos ha devuelto la posibilidad de hablar con las máquinas con el mismo lenguaje. Y eso ha desencadenado en un gran abanico de oportunidades. Hace un par de años vaticiné que una persona con conocimientos de negocio aportaría más valor en muchos contextos que un perfil puramente técnico. En aquel momento sonaba provocador. Hoy, en muchas empresas, especialmente en aquellas que no nacieron como empresas tecnológicas, eso ya es una realidad visible.
Hay algo que está pasando y que merece atención. Las personas que más partido están sacando a la IA no son, en muchos casos, los perfiles técnicos. Son los especialistas de negocio. ¿Por qué? Porque por primera vez en décadas, pueden acceder a la potencia de la tecnología sin necesitar un intermediario. Sin depender de un equipo de desarrollo. Sin esperar a que alguien traduzca su idea a código. Y eso está reconfigurando el valor dentro de las organizaciones.