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Smart City  ·  Transformación digital

Las ciudades introducen la tecnología para hacer frente a los retos que su crecimiento y complejidad plantean para caminar hacia el territorio inteligente. En el camino emerge una ciudadanía empoderada y cada vez más consciente de su implicación en el proceso.

A veces la realidad es testaruda, incluso frente a deslumbrantes anuncios que rayan en la ciencia ficción. Se anuncia a bombo y platillo cómo será “el metro del futuro 4.0”. Los medios se hacen eco y un periódico como el ABC comienza así la noticia: “Tornos de entrada con un código de colores que permitirán acceder al Metro de Madrid por reconocimiento facial o con el móvil; andenes y vestíbulos plagados de pantallas led con información personalizada; pantallas separadoras de las vías y trenes sin conductor”.

Pese a que también indican que “se han cambiado desde el 1 de octubre las tablas de frecuencias y que éstas ahora son mejores: «Se han incrementado un 20 por ciento este mes, y hay líneas como la 1 y la 6 que están ya en unos 3 minutos entre tren y tren, en ese entorno2″”, algún usuario en Twitter como @c_magro (conocido por su templanza y capacidad para hacer propuestas constructivas en la red) escribe, dirigiéndose al máximo responsable político:

Está pasando en Madrid, que en 2019 ha ocupado el puesto 24 (primera ciudad española) en el conocido ranking de ciudades inteligentes Cities In Motion. Esta situación describe a la perfección la coyuntura de la smart city. Por una parte tenemos a la administración pública intentando adelantar al futuro, para hacer ciudades más sostenibles e inteligentes y mejorar los servicios, y por otra al ciudadano o al turista, que no siempre percibe las mejoras que se le ofrecen como tal porque a veces tiene otras prioridades. En medio, muchas veces la tecnología, víctima de una utilización forzada para resolver problemas que no siempre está llamada a resolver.

La ONU prevé que el 28% de los españoles vivirán repartidos entre Madrid y Barcelona, 33% contando a Valencia, Sevilla y Zaragoza.

Actualmente, los municipios de menos de 5.000 habitantes suponen el 87% de los ayuntamientos de España.

Transformar una ciudad en inteligente no es fácil y mantenerla inteligente mucho menos. Todo un reto que nos hace reflexionar sobre el hecho de que ya no solo podemos pensar en la ciudad sino que debamos plantearnos el concepto de territorios inteligentes si queremos hacer atractivos estos territorios en los que se multiplican los pequeños ayuntamientos y ayudar a frenar esta tendencia de migración desde zonas más o menos rurales hacia las grandes urbes, principalmente las cinco nombradas, en un proceso que es mundial y que desalmaría el territorio.

Cuando en 2015  se puso en marcha el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes se pensó en ciudades de más de 20.000 habitantes y sobre todo en grandes ciudades. Para finales de 2017 el BOE recogía el nuevo Plan Nacional de Territorios Inteligentes que incluye 5 grandes áreas de trabajo: Destinos Turísticos Inteligentes, Objetos Internos de Ciudad y proyectos piloto basados en tecnología 5G, Territorios Rurales Inteligentes y Servicios públicos 4.0 en plataformas de ciudad y mundo rural. Todas ellas como una evolución necesaria en el desarrollo del concepto de la smart city; evolución sucedida en apenas 3 años.

Este nuevo concepto de territorios inteligentes plantea, según Red.es, una «evolución hacia nuevas plataformas vinculadas a territorios de distintas características, que respondan a los problemas de la ciudadanía».

Proyectos que inspiran

El análisis del contexto territorial, que supere las fronteras administrativas de una ciudad o de un pequeño núcleo rural, es pues clave como indica el grupo de trabajo de la Red de Iniciativas Urbanas (RIU). Se necesita estudiar las relaciones funcionales y las dinámicas regionales que explican o condicionan la situación de los distintos entornos urbanos (grandes o pequeños) para alcanzar retos comunes y posteriormente evaluarlos.

En este sentido, aunque existen distintas iniciativas públicas que buscan hacer inteligente el territorio como AndaluciaSmart, hay un proyecto especialmente interesante. Se trata de MUNIM, un proyecto de colaboración supramunicipal que aúna a municipios con intereses comunes entorno a  “regiones virtuales”.

Las regiones virtuales, que agrupan a más de 1.900.000 habitantes, se convierten en consejos consultivos comarcales (5 en total) sin entidad jurídica y en los que participan además de los ayuntamientos (130 en total), las entidades privadas más representativas de cada zona, que actúan a través de mesas de trabajo  todo ello agrupado en torno a una plataforma de gestión que sirve para intercambiar conocimiento, impartir formación, para eliminar la brecha digital y social, y como foro de divulgación y publicidad. Además incluyen metodologías como LEAN y la definición de indicadores KPIs.

Las entidades públicas y privadas encuentran una nueva forma de trabajar que pone de manifiesto que los territorios inteligentes necesitan de la tecnología, pero también de la colaboración de las personas que hay detrás de las organizaciones.